
Cada vez que hago limpieza de discos a “menina”, como llamo a mi discreta discoteca, pienso mientras escucho a manera de prueba un disco cuyo deterioro es evidente, si lo volveré a escuchar o si no mejor reemplazarlo para dejar espacio a otro y así evitar que la pequeña crezca y pierda su encanto. Esto le pasó hoy, al prolijo Caetano Veloso, un devoto de la hispanidad a cuyo mercado dedicó su álbum número veintiséis en 1994, cantando clásicas de la canción en español, muchas de ellas –boleros, rumbas etc.- recuerdos de su niñez.
Un sensible y delicado esfuerzo acústico de estudio, en que las bonitas interpretaciones vocales de Caetano (sin vibrato), son apoyadas por cuerdas, maderas, cello y secciones rítmicas, con arreglos de Jaques Morelembaun. Acá rescatado con un providencial "rip" traspuesto.
El álbum tuvo tanto éxito, que luego produjo un show, grabado directo: Fina Estampa Ao Vivo. Si fuera fanático, vería de sustituirlo.
